Por Itziar Lopez De Uralde
Las empresas emanan la filosofía de negocio de sus fundadores. Esta afirmación resulta claramente el enfoque de actuación de algunas empresas de base tecnológica que desde sus orígenes han asumido el compromiso social como un eje inherente al proyecto empresarial, tanto por la orientación de su oferta, como por el destino de parte de sus beneficios anuales.
El fenómeno emprendedor no suele contar con este tipo de perfiles si nos referimos a la donación o uso de fondos en lo social, dado que en las primeras fases de creación de nuevas empresas uno de los principales factores de fracaso se asocia a la falta de financiación, lo que supone una complicada situación económica en la que no suelen entrar capítulos de inversión distintos a los directamente vinculados con el negocio. No obstante, algunos de los proyectos emprendedores más reconocidos apuestan por esta aproximación emprendedora, podríamos denominarla “social business”, donde la misión de la empresa se adentra en otros retos y valores, como es el solventar determinados problemas sociales.
Se trata de proyectos cuyo objetivo va más allá del beneficio económico, su objetivo es contribuir al desarrollo social de los más necesitados a través de la innovación.
A veces resulta difícil diferenciar entre las actuaciones de una ONG y de una empresa social. La principal diferencia radica en que la ONG ofrece soluciones aportando, puntualmente, un mayor número de recursos a una zona necesitada, mientras que una empresa social innova y crea metodologías que satisfacen o cubren dicha necesidad.
Recientemente, la revista Forber publicó el listado de las treinta empresas sociales con mayor impacto en el mundo. Los proyectos recogen un amplio abanico de iniciativas innovadoras que atienden a diferentes aspectos sociales, tales como acabar con el fracaso escolar a través del “reclutamiento” de los mejores licenciados de prestigiosas universidades que durante dos años imparten clases en zonas deprimidas; el evitar la muerte de bebes prematuros en zonas donde los hospitales no disponen de incubadoras mediante la fabricación de sacos térmicos; la elaboración de material escolar utilizando como materia prima determinados residuos o el acceso a la luz de forma económica en zonas sin suministro eléctrico gracias a la producción de lámparas portátiles alimentadas por energía solar.
Todos ellos son empresas y proyectos innovadores y creativos. Emprendedores que decidieron dedicar su vocación empresarial a paliar determinados problemas sociales.
