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Inteligencia colectiva: Un concepto más que activar (I Parte)

Desarrollando un marco de formación interesante en la UOC dentro del esquema del postgrado de “redes sociales e intercambio de conocimiento” coordinado por la profesora Sandra Sanz, estamos inmersos en la reflexión sobre el concepto “inteligencia colectiva”, factor que viene adquiriendo mayor importancia al hilo de las tecnologías que apoyan procesos de “red social”. Desde este punto de vista, me permito hacer referencia en este post a ese contexto de interés donde parece que su activación resulta un clara tendencia estratégica.

Si nos vamos al diccionario y buscamos inteligencia podría llevarnos a describir una propiedad de la mente en la que se relacionan habilidades tales como la capacidad de pensamiento abstracto, el entendimiento, la comunicación, el raciocinio, el aprendizaje, la planificación y la solución de problemas. Entre otras consideraciones, inteligencia (del latín intellegentĭa), puede concebirse como, la “capacidad para entender o comprender” y como la “capacidad para resolver problemas”, semántica que posee ya un claro germen de colectividad.

Sin embargo, el concepto de inteligencia siempre ha venido asociado a un marco más individual debido a que los procesos comúnmente formativos se ciñen a una perspectiva de evaluación más personal, esquema que traslada al escenario general de aprendizaje. No obstante, somos seres sociales y a pesar de que cada individuo crea su propia base de conocimiento, no es menos cierto que a su vez, la da a conocer a los demás a través de motivaciones, espacios, instrumentos y herramientas que permiten su socialización teniendo en cuenta esquemas de participación e interacción social, por este motivo también puede verse la inteligencia desde un enfoque más colectivo como un “saber enriquecido”.

Este esquema se relaciona con cuestiones como la percepción, la capacidad de recibir información, la memoria, la agilidad mental, etc., lo que evidencia su posible correlación con la explosión de la inteligencia colectiva en los momentos que vivimos de avance de las TICs, por lo que parece que se dan las condiciones para su desarrollo exponencial.

En todo caso, se podría hablar de la inteligencia colectiva como una forma de inteligencia basada en un enfoque de colaboración múltiple, donde sus resultados o consecuencias aparecen por consenso, explicito o implícito, podríamos decir incluso que se decantan de manera natural.

Este campo de investigación ya cuenta con aportaciones como la de Atlee (1993), cuya percepción de la inteligencia colectiva debería superar la dimensión y alcance del denominado “pensamiento de grupo”, evitando los conocidos sesgos que pueden producirse en entornos demasiado acotados para considerar escenarios más amplios donde se puede alcanzar un rendimiento intelectual mejorado”, referenciando a las denominadas “comunidades científicas”. También se puede citar la de Pierre Lévy donde se apunta que en la base del concepto de inteligencia ésta se encuentra muy “repartida en todas partes” y necesita “el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas”. Desde otra óptica Pór trata la inteligencia colectiva a través de una proyección vinculada con “la capacidad de las comunidades humanas de evolucionar hacia un orden de una complejidad y armonía mayor, por medio de mecanismos de diferenciación e integración, competencia y colaboración”, se puede hablar por tanto, en esa misma línea de gobierno del conocimiento, de un nuevo humanismo para los espacios de interrelación, donde, siguiendo el argumento del capital intelectual, se requiere un primer componente de identidad conjunta, es decir “aprendamos a conocernos para pensar juntos”. Esta caracterización es realmente diferenciadora dado que no contempla ejercicios de subordinación muy explícitos, por lo que la transparencia, la voluntariedad, la horizontalidad, etc., componen el eje de los elementos que hace de la inteligencia colectiva un nuevo paradigma de valor. En palabras de Pór, “hay que dejar muy claro que no se trata de fusionar de cualquier manera las inteligencias individuales en una especie de masa sin forma. La inteligencia colectiva consiste en un proceso de crecimiento, de diferenciación y de reactivación mutua de las singularidades La imagen inestable que puede emerger de sus capacidades, de sus proyectos y de las relaciones multilaterales que sus miembros mantienen en el espacio del conocimiento, constituye para un colectivo un nuevo modo de identificación, abierto, vivo y positivo”.

En esta misma línea, dada la pluralidad de perspectivas que acoge la inteligencia colectiva, la temática se presta a diferentes “grandes ideas o lemas” que están caracterizando el marco de las publicaciones de tendencia relativas a este concepto muy concentradas en la arista de la innovación. Una de las principales figuras Surowiecki (2004) ya configuró el término asociado conocido como “la sabiduría de las multitudes” atendiendo al fenómeno de evolución intelectual que provocan los escenarios de inteligencia colectiva, incluso del denominado “sharismo” (Mao, 2008), línea argumental en la que coinciden los mensajes lanzados por el MIT Center for Collaborative Intelligence (MIT CCI)[1], concentrados en el “pensamiento integrador” (integrative thinking), terminología llevada al extremo metafórico por Gloor (2006) con su “creatividad de enjambre”, todos ellos planteando un paradigma de revolución invisible e imparable, donde quizás queda pendiente la evaluación del fenómeno de mediocridad de las aportaciones dentro de la posible universalidad de acceso y los posibles “sesgos” que expone el citado MIT CCI, a saber:

  • “Informational pressures” (“sesgos informacionales”), cuando las opiniones no son independientes y se actúa por imitación siguiendo la pauta siguiente: “la mayoría no puede estar equivocada”.
  • “Social pressures” (“sesgos sociales”), cuando la interacción con otros participantes distorsiona la opinión propia por influencias negativas como el miedo al conflicto, el temor a ser ridiculizado o marginado del grupo, o incluso, las actitudes oportunistas.
  • “Common knowledge effect” (“efecto del saber común”), cuando el participante se conforma con la información y el conocimiento que ya tiene, y no explora nuevas fuentes y perspectivas que enriquezcan el análisis del problema.
  • “Polarización”, tendencia a radicalizar posiciones respecto de un tema que involucra valores culturales, sociales o políticos, hasta el punto de ideologizarlo en exceso o defender posturas de forma automática, sin razonar a partir de evidencias.

Por otro lado, sin menoscabo de su complementariedad, aparece la obra de Goleman (1995) “inteligencia emocional”, donde la inteligencia colectiva toma el símil de “cerebro social”, incluso de “neurociencia social”, aportando un importante concepto asociado al ser humano, a saber, “máquinas de conexión” que se reprograman influidas por las relaciones y experiencias.


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Know how crítico de ICA2

ICA2 contempla un claro horizonte de valor añadido en innoemotion, contexto que se caracteriza ya por la transferencia de know how relevante. Tanto es así que a continuación se presenta una figura clave para poder desarrollar una labor de acompañamiento estratégico.

 

Interpretar su alcance y dimensión puede ajustarse a cada necesidad y criterios diferenciados, considerando los requerimientos que exponga la organización responsable de esta labor de apoyo.
Qué aproveche!!

 

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La Caldera

Imágen: Sergio Palao (Tomada de www.tadega.net)

No hay como saber que preguntar cuando se desea diagnosticar ágilmente. No hay nada como tener claro donde se encuentran las variables criticas que esconden lo indecoroso o las ineficiencias.Contar con experiencia en este terreno te da carnet de asesor con oficio, no dominar este terreno te da el diploma del “a ver si”, condicional que rebosa de inseguridad, factor que no necesita el cliente.

Desde este punto de vista, dominar la comprensión y aplicación práctica de los modelos de capital intelectual aporta una ventaja crítica en este escenario de análisis.

Metafóricamente os voy a exponer una situación que le pasó a un buen amigo fontanero ante un arreglo que hizo algún tiempo atrás: “después de haber llegado 5 minutos antes para revisar una caldera que no funcionaba, el fontanero saca una pieza pequeña la sopla y al volver a ponerla, magia! Todo funcionando, en ese momento la señora eufórica le dice: – pero ya! Qué bien!, qué rápido!, fenomenal!. El fontanero le agradece sus palabras y entonces la señora le pregunta: – ¿cuánto le debo? El fontanero le dice: – 50 euros. La señora cambia el semblante y le dice: – ¿Por soplar?, a lo que el fontanero contesta: – señora le cobro por saber donde soplar no por soplar, podría haber desmontado la caldera, salir a por una pieza, engañarle diciéndole que la he comprado nueva, mancharle la cocina, tardar 3 horas y decirle son 180 euros. En vez de eso le he solventado todo rápido, limpiamente y por menos de la mitad de dinero. La señora no supo que decir…
La metodología de capital intelectual puede, con el uso y experiencia, llegar a facilitar un diagnóstico de una organización en un tiempo record, increíble para el director de la empresa, pero tan ajustado como un proceso de análisis de varias semanas sin utilizar este sistema.

Chao!

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